
El Sábado, 6 de Junio 2026 en el Coliseo de la Unidad Educativa “Francisca de las Llagas” – Quito, a 9H30 participamos de la EUCARISTÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS por los 125 años de Fundación precedida por Excmo. Sr. Cardenal Luis Cabrera acompañaron varios sacerdotes y jóvenes monaguillos. Participamos las hermanas de las diferentes fraternidades, delegaciones nacionales e internacionales, personal docente, padres de familia, estudiantes, miembros del grupo Mifrare y de Adoradores e invitados especiales. Se vivió momentos de alegría y gratitud a nuestro buen Dios.


¡Alabado sea Jesucristo!, queridas hermanas y hermanos.
Hoy 6 de Junio del 2026, nos hemos reunido con el corazón rebosante de alegría y gratitud a Dios al cumplir 125 años de Fundación de nuestro Instituto de hermanas franciscanas misioneras de la Inmaculada, en donde la Providencia Divina a guiado cada paso, y donde el carisma fundacional de Adorar, Reparar y Servir a dado frutos de amor, fe, esperanza y servicio a la Iglesia.
Damos gracias a Dios, por haber suscitado en la iglesia a nuestra madre Fundador la Venerable Sierva de Dios María Francisca de las Llagas Cornejo, gracias por su vida de amor,
sacrificio, humildad y entrega total al servicio de Dios y al prójimo con las palabras “Así es como se Ama”.
Damos gracias por las generaciones de hermanas, que entregaron su vida con generosidad. Hoy honramos a quienes nos precedieron, su sacrificio silencioso es el cimiento sobre el cual nos sostenemos.
Con el salmista decimos “Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia” (salmo 136). Gracias por los 125 años de historia de nuestra Congregación, de fidelidad de Dios a la Alianza hecha con nuestros fundadores, Dios nos bendice a manos llenas y nos ha permitido salir más allá de nuestras fronteras, siendo misioneras de Paz y Bien, a través de nuestras obras en la Educación, Obra Social, Pastoral, Misiones y Ejercicios Espirituales, haciendo germinar la semilla que sembró nuestra madre Fundadora.
Pidamos a Dios y a nuestros santos fundadores bendigan a nuestro Instituto, a las hermanas para que sigamos las huellas del camino franciscano de Adoración, Reparación y Servicio. Que el Espíritu Santo siga encendiendo en nosotras, el fuego de la vocación, para servir con espíritu de fe, amor, entrega total a la Iglesia, haciendo de nuestras vidas un continuo canto de alabanza, enfrentando con ahínco y confianza en Dios, los grandes desafíos de la sociedad actual.
Con el corazón agradecido, cantemos juntos para iniciar esta fiesta de fe.
125 AÑOS DE GRACIA HOMILIA

Toda misión auténtica nace de la experiencia de Dios. Jesús mismo nos muestra esta realidad cuando alaba al Padre lleno de gozo en el Espíritu Santo (cf. Lc 10,21).
Durante estos 125 años, innumerables hermanas han sostenido la misión mediante la oración, la adoración eucarística y la contemplación. La fuerza de las obras visibles ha nacido siempre en el silencio de la capilla, en la adoración eucarística y en el encuentro personal con Cristo. Nadie puede transmitir la luz de Cristo si antes no ha sido iluminado.
La adoración proclama que Dios ocupa el primer lugar y que Cristo es el centro de toda existencia. «Una sola cosa es necesaria» (Lc 10,42).
El Instituto nació marcado por un profundo espíritu reparador. El dolor causado por el sacrilegio ocurrido en Riobamba impulsó a la Madre Fundadora a responder con una entrega total de amor y reparación.
La reparación no nace de la tristeza, sino del amor. Quien ama no permanece indiferente ante las ofensas hechas a la persona amada. Por eso las hermanas han querido ofrecer sus vidas unidas al sacrificio redentor de Cristo para la salvación del mundo. «Nosotros amamos porque Él nos amó primero» (1 Jn 4,19).
El carisma de la reparación conserva plena actualidad. Ante una sociedad que con frecuencia olvida a Dios y relativiza la verdad la respuesta cristiana sigue siendo una vida de santidad y amor reparador.
La reparación conduce al servicio. El amor auténtico siempre se traduce en obras concretas. «La fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (St 2,17).
Inspiradas por san Francisco de Asís, las hermanas han vivido la fraternidad, la pobreza evangélica y la cercanía a los más necesitados. Han sabido descubrir el rostro de Cristo en los pobres, los enfermos, los niños, los ancianos y todos aquellos que sufren. «Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40).
A través de su labor educativa, evangelizadora y asistencial, miles de personas han recibido formación humana y cristiana gracias al servicio generoso, silencioso y perseverante de tantas religiosas.
Queridas hermanas, al celebrar este jubileo de 125 años, hagamos nuestras las palabras del salmista: «Te doy gracias, Señor, de todo corazón» (Sal 138,1). Todo ha sido gracia, misericordia y amor providente de Dios; y todo sigue siendo misión.
Demos gracias por la Madre Fundadora, por las hermanas que nos precedieron y ya gozan de la presencia del Señor, por quienes hoy continúan sirviendo en las diversas comunidades y por las futuras generaciones que prolongarán esta hermosa obra de evangelización. Un gracias muy especial a los laicos: varones y mujeres, de diferentes edades, solteros y casados, que han asumido el carisma fundacional en sus respectivas realidades familiares y sociales, como los misioneros franciscanos reparadores (MIFRARE) y los hermanos adoradores y reparadores.
Que en todas las hermanas y hermanos permanezca siempre vivo el fuego del carisma de adoración, reparación y servicio; que nunca falte la confianza en la Providencia y que la Eucaristía continúe siendo el corazón de la vida del Instituto.
Que san Francisco de Asís inspire siempre la vida de oración, de fraternidad y del amor presencial a los pobres; y que la Inmaculada Virgen María acompañe a cada hermana para que siga siendo signo visible del amor de Dios en medio del mundo.
Quito, 6 de junio de 2026
+ Luis Cabrera Herrera, ofm


SALUDO POR LOS 125 AÑOS
“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Sal 126,3).
Es un honor y un privilegio darles la más cordial bienvenida a esta sesión solemne en conmemoración de los 125 años de fundación de nuestro Instituto HFMI.
Ciento veinticinco años de oración silenciosa, de manos extendidas al necesitado, de aulas convertidas en sembríos de esperanza y de vidas consagradas que hicieron del Evangelio una presencia viva entre los pueblos.
Hoy, con un corazón agradecido, elevamos nuestra acción de gracias a Dios, porque su amor y su misericordia han estado presentes en cada acontecimiento de nuestra historia: en cada paso recorrido, en cada obra realizada y en cada servicio brindado.
A través de esta misión, se ha construido esperanza, se ha sembrado fe y se ha acompañado el dolor humano con ternura evangélica.
¡Cuántas generaciones encontraron en nuestras hermanas una palabra de consuelo, una enseñanza para la vida, una guía espiritual, un abrazo capaz de devolver la esperanza!
Esta sesión solemne es memoria viva de una misión que ha caminado junto a la Iglesia, junto a los pobres y junto a quienes más han necesitado sentir el amor de Dios.
Por ello, nuestra eterna gratitud a todas las hermanas que han hecho posible este legado y renovamos nuestro compromiso de servir con humildad, alegría y fidelidad al Evangelio.
Celebrar 125 años significa renovar nuestra consagración y reafirmar que, mientras exista una persona necesitada de amor, educación, fe o esperanza, seguirá teniendo sentido nuestra presencia misionera.
Que NMF- MFLL, bajo el amparo de nuestra Madre Inmaculada, continúen guiando nuestro caminar, y que el espíritu de San Francisco nos enseñe siempre a servir con sencillez, paz y fraternidad.
Con gratitud y emoción, celebramos estos 125 años de vida institucional al servicio de Dios, de la Iglesia y de la humanidad.
Muchas gracias.
DISCURSO POR LOS 125 AÑOS DE FUNDACIÓN
*Alabado sea Jesucristo. Paz y Bien. *
Eminentísimo Señor Cardenal Mons. Luis Cabrera, Arzobispo de Guayaquil; apreciados sacerdotes; queridas Hermanas del Gobierno General y de los Gobiernos Provinciales; hermanas de las diferentes fraternidades y obras apostólicas; hermanos y hermanas adoradores y reparadores; Hermanas y Hermanos miembros del Movimiento MIFRARE; autoridades civiles y eclesiásticas; personal docente y administrativo de nuestras instituciones educativas; estudiantes, padres de familia, bienhechores, amigos y todos quienes nos acompañan en esta significativa celebración.
Con inmensa alegría y profunda gratitud nos congregamos hoy para celebrar los ciento veinticinco años de fundación del Instituto de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada. Esta fecha constituye un verdadero acontecimiento de gracia, un momento privilegiado para volver la mirada al pasado con gratitud, vivir el presente con esperanza y proyectarnos hacia el futuro con renovado entusiasmo y fidelidad.
Celebrar ciento veinticinco años significa reconocer la acción providente de Dios en nuestra historia. Significa hacer memoria de tantas bendiciones recibidas, de innumerables personas que han entregado su vida al servicio del Reino y de una obra que ha permanecido viva gracias a la fidelidad de Dios y a la respuesta generosa de muchas hermanas que han sabido escuchar su llamada.
Hoy elevamos nuestro corazón en acción de gracias al Señor, fuente y origen de toda vocación, por haber suscitado en la Iglesia esta familia religiosa inspirada por el espíritu de San Francisco de Asís y fundada por la Venerable Sierva de Dios María Francisca de las Llagas Cornejo Pazmiño.
La historia de nuestro Instituto tiene sus raíces en una profunda experiencia de fe. Después de los sacrilegios ocurridos en Riobamba, nuestra Madre Fundadora experimentó una llamada especial del Señor a vivir una existencia centrada en la adoración y reparación a Jesús Eucaristía. De aquella experiencia brotó una respuesta generosa que con el tiempo se transformó en una obra fecunda para la Iglesia y para la sociedad.
El 4 de junio de 1901 constituye una fecha memorable para nuestro Instituto. Mediante Decreto Arzobispal, Mons. Pedro Rafael González Calixto autorizó que las primeras postulantes vistieran el hábito franciscano e iniciaran el noviciado, reconociendo además la nueva Congregación diocesana. Aquel acontecimiento marcó el nacimiento oficial de una obra que, sostenida por la gracia divina, ha llegado hasta nuestros días.
Recordamos con gratitud a las primeras hermanas que, movidas por el amor a Cristo, abrazaron con generosidad el ideal franciscano. Ellas sembraron con sacrificio, oración y entrega las bases de este Instituto. Su vida sencilla y silenciosa continúa iluminando nuestro camino y recordándonos que las grandes obras de Dios nacen siempre de corazones humildes y disponibles.
Agradecemos igualmente la valiosa presencia y acompañamiento de los Padres Franciscanos, particularmente del Padre Francisco María Alberdi y del Padre Antonio Argelich, quienes contribuyeron decisivamente a la consolidación espiritual y organizativa de la naciente Congregación. Su cercanía y orientación permitieron fortalecer los cimientos sobre los cuales se edificó esta familia religiosa.
Durante estos ciento veinticinco años, el Señor ha conducido nuestra historia por caminos muchas veces inesperados. Hemos vivido momentos de alegría y también tiempos de prueba. Hemos experimentado limitaciones, desafíos y cambios profundos en la Iglesia y en la sociedad. Sin embargo, la fidelidad de Dios jamás nos ha abandonado.
Con el paso de los años, el Instituto fue creciendo y ampliando sus horizontes misioneros. Las primeras fundaciones dieron origen a nuevas presencias apostólicas que permitieron llevar el Evangelio a diversos pueblos y culturas. Hoy nuestra presencia se extiende a distintos países, donde nuestras hermanas continúan anunciando el amor de Dios mediante la educación, Los Ejercicios Espirituales, la pastoral, la promoción humana y el acompañamiento de quienes más necesitan.
La presencia en Chile, Venezuela, Colombia, Perú, México e Italia constituye un testimonio de la vitalidad de nuestro carisma. Cada fundación ha significado una respuesta generosa a las necesidades de la Iglesia y una expresión concreta de nuestra vocación misionera. Nuestras hermanas han debido adaptarse a nuevas culturas, lenguas, costumbres y realidades sociales, llevando siempre consigo el espíritu franciscano y el legado de nuestra Madre Fundadora.
Hoy queremos expresar nuestro reconocimiento y gratitud a todas las Superioras Generales y Provinciales con sus respectivos Consejos que, a lo largo de estos años, han guiado con sabiduría, prudencia y espíritu evangélico la vida de nuestro Instituto. Su servicio generoso ha permitido discernir los signos de los tiempos y responder con fidelidad a las exigencias de cada época.
Nuestra gratitud se extiende también a todas las hermanas que han formado y forman parte de esta historia. A aquellas que ya contemplan el rostro de Dios y a quienes continúan entregando su vida en las diferentes comunidades y obras apostólicas. Cada una ha aportado una página única e irrepetible en la construcción de esta gran familia religiosa.
Agradecemos igualmente a los sacerdotes que nos han acompañado durante estos ciento veinticinco años, fortaleciendo nuestra vida espiritual mediante la celebración de los sacramentos y el anuncio de la Palabra de Dios. Su presencia ha sido un apoyo invaluable para la vivencia de nuestra vocación y Carisma.
Nuestro reconocimiento y gratitud también a los docentes, personal administrativo, padres de familia, estudiantes, benefactores y colaboradores que comparten nuestra misión. Gracias por caminar junto a nosotras y por hacer posible que el carisma de nuestro Instituto siga generando frutos de evangelización, educación y servicio.
Un agradecimiento especial merece la familia espiritual formada por los Hermanos y Hermanas Adoradores y Reparadores y por los miembros del Movimiento MIFRARE. Ustedes son parte viva de esta historia y participan activamente en la difusión y vivencia de la espiritualidad heredada de nuestra Madre Fundadora. Gracias por hacer suyo este carisma y por enriquecerlo con su compromiso y testimonio.
Al celebrar este aniversario no queremos quedarnos únicamente contemplando el pasado. La historia tiene sentido cuando ilumina el presente y abre caminos hacia el futuro. Los ciento veinticinco años no representan una meta alcanzada, sino un nuevo punto de partida.
La Iglesia y el mundo actual presentan desafíos cada vez más complejos. Vivimos tiempos marcados por profundas transformaciones culturales, sociales y espirituales. Frente a esta realidad, nuestro Instituto está llamado a renovar constantemente su fidelidad al Evangelio, fortaleciendo la vida fraterna, la oración, la misión y el sentido de pertenencia al carisma recibido.
Queridas hermanas, hagamos nuestras las palabras de nuestra Venerable Madre Fundadora cuando escribía: “Hoy 4 de junio, fecha grandiosa y memorable para mí y aún para la Congregación”. Que estas palabras resuenen también en nuestro corazón y nos impulsen a vivir con mayor fidelidad nuestra vocación.
Que este aniversario fortalezca nuestro amor a Jesús Eucaristía, nuestra devoción a la Inmaculada, nuestro espíritu franciscano y nuestro compromiso con la Iglesia. Que nos ayude a seguir siendo testimonio vivo de fraternidad, servicio, adoración y reparación en medio de un mundo que necesita signos creíbles de esperanza.
Concluyamos esta celebración elevando nuestra mirada al Señor y renovando nuestro compromiso de seguir construyendo la historia que hemos recibido como herencia y misión.
Que la Virgen Inmaculada, San Francisco de Asís y nuestra Venerable Madre María Francisca de las Llagas Cornejo Pazmiño continúen acompañando y protegiendo a nuestro Instituto.
Y que, fortalecidas por la gracia de Dios, podamos seguir escribiendo nuevas páginas de fidelidad, servicio y santidad para bien de la Iglesia y del mundo.
¡Feliz aniversario, queridas Hermanas y Hermanos todos!
Muchas gracias.
ORATORIO A SOR FRANCISCA DE LAS LLAGAS

Srta. Dafne Bermúdez
Estudiante de la U.E. “San José” del Cantón Milagro Provincia del Guayas
En el augusto fulgor de estos ciento veinticinco años de vida franciscana, el tiempo no ha hecho sino cincelar con oro eterno la huella indeleble de una obra nacida del cielo y sostenida por manos ungidas de fe. Hoy, las Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada no celebran únicamente un aniversario; celebran un legado de santidad viva, una herencia espiritual que ha atravesado generaciones como lámpara encendida en medio de la humanidad sedienta de amor, consuelo y verdad.
Y en el corazón de esta magna historia resplandece con singular grandeza la figura venerable de María Francisca de las Llagas, mujer escogida por la Providencia desde temprana edad para abrazar la sublime misión de adorar, reparar y servir. No fue una senda fácil la que abrazó; fue un camino tejido con sacrificio, renuncia y una inquebrantable fidelidad al Crucificado. Sin embargo, jamás se rindió ante las tempestades ni claudicó frente a las adversidades, porque comprendió que las obras nacidas de Dios jamás perecen.
Adorar, porque supo reconocer en la Eucaristía el palpitar mismo del cielo sobre la tierra; reparar, porque ofreció su vida para sanar las heridas del sacrilegio y devolver dignidad al amor ultrajado de Cristo; y servir, porque entendió que la caridad no es palabra efímera, sino entrega cotidiana, silenciosa y fecunda. Así, con el alma encendida por la llama franciscana, levantó instituciones educativas que no solo formarían mentes, sino también corazones capaces de transformar el mundo desde la fe, la humildad y el servicio.
Cuánto heroísmo escondido en sus desvelos. Cuánta gallardía espiritual en aquella mujer que, aun cuando el cansancio pretendía doblegarla, continuó edificando esperanza donde otros solo veían ruinas. Su vida fue un evangelio viviente; una melodía celestial que aún resuena en cada aula, en cada oración y en cada gesto de amor al prójimo. Porque quien vive para Dios jamás muere: se multiplica en las almas que continúan su obra.
Hoy, su legado no debe permanecer únicamente en los libros de la memoria ni en los altares del reconocimiento. Debe encarnarse en nuestro diario vivir, en cada acto de bondad, en cada palabra que consuela, en cada mano tendida al necesitado y en cada corazón que aprende a servir sin esperar recompensa. Allí vive María Francisca de las Llagas. Allí florece el espíritu franciscano que durante ciento veinticinco años ha iluminado generaciones enteras.
Que esta celebración no sea solo el eco glorioso del pasado, sino el solemne compromiso de continuar la misión que ella inició con valentía y amor inconmensurable. Porque el mundo necesita almas que adoren con fervor, reparen con misericordia y sirvan con humildad. Y mientras exista un corazón dispuesto a amar como ella amó, la obra jamás dejará de florecer.
¡Gloria eterna a esta obra bendita!
¡Honor perenne a María Francisca de las Llagas!
Y que el espíritu franciscano siga levantándose, majestuoso y luminoso, como faro de fe para las generaciones venideras.Principio del formulario


A las 15H30 en el Santuario Eucarístico María Francisca de las Llagas – Cununyacu, participamos del CONCIERTO DE ADORACIÓN, momentos profundos de Oración y encuentro personal con Dios.


Y para culminar este homenaje por los 125 años de Fundación, saludamos a nuestra madre Fundadora Venerable Sierva de Dios Maaría francisca de las Llagas con la oración pidiendo su pronta Beatificación e implorando su bendición para el Instituto, sus obras apostólicas y a las hermanas para que sigamos las huellas del camino franciscano de Adoración, Reparación y Servicio, para que el Espíritu Santo siga encendiendo en nosotras, el fuego de la vocación, para servir con espíritu de fe, amor, entrega total a la Iglesia, haciendo de nuestras vidas un continuo canto de alabanza, enfrentando con ahínco y confianza en Dios, los grandes desafíos de la sociedad actual


125 años de una misión que transforma vidas
Celebrar 125 años del Instituto de las Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada es reconocer una historia de fe, servicio y compromiso con la educación de niños y jóvenes.
A lo largo de estos años, la obra iniciada por la Venerable Sierva de Dios María Francisca de las Llagas Cornejo, ha dejado una profunda huella en nuestra comunidad educativa. Su legado continúa presente en los valores que se viven día a día, en la formación integral de los estudiantes y el espíritu de fraternidad que caracteriza a la familia franciscana.
En el nombre del Consejo Estudiantil, expresamos nuestro agradecimiento a las Hermanas Franciscanas por su dedicación y entrega a esta noble misión. Gracias por acompañar a generaciones de estudiantes en su crecimiento académico, humano y espiritual, sembrando siempre esperanza, respeto y amor al prójimo. Gracias por enseñarnos que educar es también amar, acompañar y servir.
Ser parte de esta institución es motivo de orgullo. Cada experiencia compartida, cada enseñanza recibida y cada valor aprendido forma parte de una herencia que nos inspira a construir una sociedad mas humana y solidaria.
En esta fecha especial, rendimos homenaje a quienes han hecho posible esta historia y renovamos nuestro compromiso de continuar fortaleciendo el legado de la Venerable Sierva de Dios María Francisca de las Llagas.
¡Felices 125 años, queridas hermanas franciscanas! Que Dios bendiga siempre esta obra que ha dejado huellas imborrables en nuestros corazones.
Consejo Estudiantil
Lic. Tamara Quevedo
Coordinadora del Consejo Estudiantil
Unidad Educativa Particular “Francisca de las Llagas”
EXALTACIÓN AL INSTITUTO DE HERMANAS FRANCISCANAS MISIONERAS DE LA INMACULADA

Hablar del Instituto de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada es hablar de una obra de amor que ha trascendido el tiempo y las fronteras para convertirse en una auténtica expresión del Evangelio vivido en el servicio a los demás. Su misión, inspirada en el ejemplo de Jesucristo, ha dejado una huella imborrable en miles de personas que han encontrado en sus obras educativas, sociales y pastorales una oportunidad para crecer como seres humanos, como cristianos y como miembros comprometidos de la sociedad.
Mi nombre es Daniel Ocampo y, por la gracia y bendición de Dios, tengo el privilegio de desempeñarme como docente de la Unidad Educativa Particular “Francisca de las Llagas” desde el año 2015. Durante este tiempo he podido observar de cerca, valorar y experimentar el arduo trabajo que realizan las Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada en favor de los demás. Su labor no se limita únicamente a la enseñanza académica; va mucho más allá, pues busca formar integralmente a la persona desde la fe, los valores y el compromiso cristiano.Uno de los mayores tesoros que caracteriza a esta congregación es su maravilloso lema: “Educar, Amar y Servir”. Estas tres palabras encierran una profunda filosofía de vida que se refleja diariamente en cada acción emprendida por las hermanas. Educar para iluminar las mentes con el conocimiento y la verdad; amar para reconocer en cada persona la presencia de Dios; y servir para poner los talentos y capacidades al servicio de quienes más lo necesitan.
Gracias a esta misión evangelizadora y educativa, se forman estudiantes capaces de vivir su fe con autenticidad, jóvenes que comprenden la importancia de los valores cristianos y que están llamados a convertirse en agentes de cambio dentro de una sociedad que, lamentablemente, cada día enfrenta mayores desafíos morales y espirituales. En medio de un mundo marcado por el individualismo, la indiferencia y diversas formas de corrupción, las Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada continúan sembrando esperanza, solidaridad y amor al prójimo.
Es importante destacar que el Instituto mantiene vivo el legado de su fundadora, María Francisca de las Llagas, cuya visión de servicio sigue inspirando cada una de sus obras. Siguiendo su ejemplo, la congregación extiende su ayuda a numerosas comunidades donde la educación se convierte en un verdadero instrumento de transformación social. Allí, muchas personas de escasos recursos económicos encuentran la posibilidad de acceder gratuitamente a una formación integral que dignifica su vida y les abre caminos hacia un futuro mejor. Esta labor constituye un testimonio palpable de que la educación es una de las formas más nobles de amar y servir.
Asimismo, resulta imposible hablar del Instituto sin reconocer la calidad humana y espiritual de las hermanas que han entregado su vida a esta misión. Quienes compartimos con ellas la hermosa tarea de educar sabemos que no solo enseñan a los estudiantes, sino también a los docentes. Con amor, ejemplo, dedicación y una sana exigencia, nos impulsan constantemente a ofrecer lo mejor de nosotros mismos para la gloria de Dios y el bienestar de quienes nos han sido confiados.
En este sentido, deseo expresar un especial reconocimiento a las hermanas del instituto que han dejado una profunda huella en nuestra comunidad educativa y a través de los años han sembrado generosamente la semilla del Evangelio en los corazones de quienes hemos tenido la dicha de conocerlas. Algunas continúan sembrando con entusiasmo y entrega; otras ya contemplan con alegría los frutos de una misión fecunda que ha transformado innumerables vidas.
Hoy, al exaltar la labor del Instituto de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada, reconozco una historia construida sobre la fe, la entrega y el amor al prójimo. Reconozco una obra que ha sabido mantenerse fiel a sus principios, respondiendo con generosidad a las necesidades de cada tiempo. Reconozco, sobre todo, el testimonio de mujeres consagradas que han hecho de su vida un regalo para Dios y para la humanidad.
Que el Señor continúe bendiciendo abundantemente al Instituto de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Inmaculada, fortaleciendo su misión evangelizadora y educativa. Que el ejemplo de María Francisca de las Llagas siga iluminando su camino y que las generaciones presentes y futuras encuentren siempre en esta gran familia franciscana un espacio donde aprender a educar con sabiduría, amar con sinceridad y servir con generosidad.
Porque allí donde una hermana franciscana educa, florece la esperanza; donde ama, nace la fraternidad; y donde sirve, se hace visible el rostro misericordioso de Dios.
Lcdo. Daniel Ocampo
Docente de la Unidad Educativa Particular “Francisca de las Llagas”
Cristo te llama.
Hermanas Franciscanas de Ecuador



